Encuentro con las emociones: cómo ayudamos a los niños a ponerle palabras a lo que sienten

En el Colegio Finlandés, creemos que aprender a leer y escribir emociones es tan importante como aprender matemáticas o ciencias. Las emociones están presentes en todo lo que los niños viven: en un juego con amigos, en una frustración al equivocarse o en la alegría de un logro. Por eso, enseñarles a reconocerlas, nombrarlas y expresarlas de manera adecuada es una parte esencial de nuestro proyecto educativo.

Durante la Semana KiVa —un programa que fomenta la empatía, la convivencia y la prevención del acoso escolar— realizamos el Encuentro con las emociones, un espacio para que los alumnos aprendan a identificar cómo se sienten, comprendan las emociones de los demás y encuentren estrategias para comunicarse con respeto y confianza.

Educar las emociones desde la infancia

Las especialistas en educación emocional infantil coinciden en algo fundamental: las emociones son como un “plan de pensiones”. Mientras más temprano se aprende a reconocerlas y gestionarlas, más fácil será afrontar los retos emocionales de la adolescencia y la vida adulta.

En nuestras aulas, la inteligencia emocional se trabaja desde lo cotidiano. A través de cuentos, dibujos, dramatizaciones y ejercicios guiados, los niños aprenden que todas las emociones —la alegría, la tristeza o el miedo— son necesarias y válidas. El objetivo no es reprimirlas, sino entender qué mensaje traen y cómo responder de forma saludable.

Por ejemplo, cuando un alumno se siente frustrado porque algo no sale bien, los maestros lo acompañan para que reconozca su emoción (“estoy enojado porque no puedo hacerlo”) y busque una alternativa (“voy a intentarlo otra vez o pedir ayuda”). Este proceso fortalece la autorregulación emocional, una habilidad clave para su bienestar y rendimiento académico.

En casa también se educan las emociones

La educación emocional comienza en casa. El ambiente familiar es el primer escenario donde los niños aprenden a poner nombre a lo que sienten y a comprender cómo reaccionar ante diferentes situaciones.

Los especialistas recomiendan a las familias practicar hábitos sencillos que fortalecen la inteligencia emocional infantil:

  • Practicar la conciencia emocional: hacer preguntas como “¿cómo te sentiste hoy?” o “¿qué emoción te acompañó esta mañana?”.
  • Nombrar las emociones y reconocer sensaciones físicas: “cuando estás nervioso, tu corazón late más rápido”.
  • Usa el semáforo emocional: rojo (detente y respira), amarillo (piensa qué pasa) y verde (actúa con calma).
  • Compartir actividades positivas: leer juntos, cocinar, jugar o conversar antes de dormir para fortalecer la conexión emocional.
  • En el Colegio Finlandés, acompañamos a las familias en este proceso mediante talleres y materiales que promueven el diálogo afectivo y la comprensión mutua. Creemos que al educar las emociones en familia se siembra armonía, autoestima y resiliencia.

    Aprender a expresarse con equilibrio

    Una de las herramientas más poderosas que enseñamos a los niños es cómo expresar lo que sienten en el momento, la forma y con las personas adecuadas. A través de dinámicas como el semáforo de las emociones, el buzón de sentimientos o el mural de la empatía, los alumnos aprenden a reconocer cuándo una emoción es intensa y cómo comunicarla sin lastimar a otros.

    Les enseñamos que gritar no es lo mismo que hablar con calma, y que elegir el momento adecuado para expresarse puede cambiar completamente el resultado de una conversación. También descubren que hablar con alguien de confianza —un amigo, maestro o familiar— los ayuda a sentirse comprendidos y apoyados.

    Estas experiencias desarrollan habilidades sociales esenciales: empatía, escucha activa y comunicación asertiva, pilares del modelo KiVa, que promueve relaciones más sanas y respetuosas dentro y fuera del aula.

    Cuidar las emociones también es cuidarnos

    La educación emocional no busca que los niños siempre estén felices, sino que aprendan a navegar cada emoción con comprensión y equilibrio. Como dice un bello cuento árabe: las ofensas deben escribirse en la arena para que el viento las borre, pero los buenos momentos deben grabarse en piedra para recordarlos siempre.

    En el Colegio Finlandés, ayudamos a nuestros estudiantes a construir esa “piedra interior”: un lugar seguro donde guarden su confianza, sus aprendizajes y el cariño de quienes los acompañan. Sabemos que un niño que entiende lo que siente, se comunica con respeto y reconoce las emociones de los demás, crece con mayor seguridad, empatía y bienestar emocional.

    En el Colegio Finlandés: educar el corazón también es educar la mente

    Creemos que la inteligencia emocional es tan importante como la cognitiva. Por eso, nuestras prácticas educativas integran el desarrollo académico con el emocional, guiando a cada alumno para que se conozca, se escuche y aprenda a convivir con los demás desde la empatía y el respeto.

    Porque cuando un niño puede decir “estoy triste”, “me da miedo” o “me siento feliz”, está construyendo mucho más que vocabulario: está edificando su bienestar interior. Y cuando familia y escuela trabajan juntas en este proceso, el resultado es un entorno más humano, amable y lleno de posibilidades.

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